De las palabras sin fonía, de lo que oculto se quedó.
Lo que se hace a fuego lento.
Lo que nunca se apagó.
Nada me detendrá.
Algo que solo fue enterrado en los confines de la sien.
Un libro entero encomendado, a recordar yo no sé a quién.
Lo que a lustre saque brillo, solo para quedar bien.
Nada me detendrá.
Y si el abismo nos tocó en este mundo,
tendremos que vender cara la victoria que nos vio reír.
Y cuando quietos, recostados, sin aliento,
aparezca nuevamente, ojalá, nuestro renacer.
Nada nos detendrá.